sábado, 6 de junio de 2009

Los años

Siempre es igual, así, un poco repetitivo, pero siempre tomándote por sorpresa, haciéndote creer que es la primera vez... Entonces, las vacaciones tienen eso del cambio, de crecer un poco, de pensar que eres mejor que el año anterior, de las metas. Y llega marzo y hay esperanza, tanta esperanza de poder lograr todo lo que quieres lograr. Y uno siempre cree tanto, uno siempre se siente tan capaz, porque marzo nos engaña cada año y nos hace pensar que la vida es sobrellevable. Pero...
Y llega abril. Y todo es un poquito distinto, porque cuando llega abril, ya estás-en-el-año, en-la-vida y uno no puede evitarlo. Pero abril, a su manera, es bueno, y es bonito.
Mayo. Mayo es... En mayo, algo cambia definitivamente. Personas, decisiones... algo pasa, y el mundo gira. Y todo deja de ser como se suponía que iba a ser[y las cosas mejoran y se echan a perder al mismo tiempo]. Lo mejor de todo, es que en mayo llueven hojas.
Junio es extraño. Porque es tan intermedio, tan cerca del descanso, tan cerca del cansancio. En junio, el cambio de mayo se hace tangible, real. Junio es de esos meses por los que uno se arrastra, rogando que se acabe de una vez. Junio es de esos meses en los que todo se arrastra.... Es que la vida en junio pesa tanto. Tal vez por eso lloro tanto en junio.
Después viene julio, en donde todo se estira un poco y todo es espera, porque crees que se acaba, pero no, recién está empezando. Y hay veces en que la vida, la vida real, solo comienza en julio. Pero julio también es un paréntesis, y tú pretendes que descansas y estás preparado para el resto del año... Pero yo pienso que uno nunca está del todo preparado. Que en el fondo, todo lo que podemos hacer es creer que sí, que se puede, que de alguna manera, hay esperanza.
Uno no quiere que sea agosto. Quisieras que el paréntesis se alargara, pero el paréntesis es tan tan corto... Entonces, llega agosto, que es como marzo, pero muy distinto a marzo. Porque ahora nada es nuevo, pero cuando vuelves, las cosas son un poco distintas. Eres un poco distinto. Y desde agosto, empieza la última oportunidad de ser, de cumplir, de soñar y lograr. Y tomas otra vez tus decisiones, y decides quién quieres ser. Y otra vez, uno cree. Porque eso es lo que siempre hacemos, creemos.
Septiembre. A mí me gusta septiembre. Me gusta pensar que va a salir el sol y todo va a ser bonito otra vez, y no voy a tener que abrigarme tanto, y no voy a tener que llorar más. Es que cuando llega septiembre, el sufrimiento se está acabando, te está dejando respirar por fin. Septiembre es un alivio, en tantas maneras.
Octubre es mejor aún. Porque en octubre las cosas ya no duelen, en octubre hay sol otra vez. Y el sol es real, real, y la vida brilla tanto. Y uno no puede evitar sentir que sobrevivió, que pudo con la vida. Y en cierta manera es verdad, porque si pasas mayo-junio-julio, ya pasaste lo más terrible, la parte del dolor y las pérdidas. [en esos meses sueles hacerte pedazos, así que en septiembre-octubre te sanas, aunque sea un poco]
Noviembre... Uf, noviembre. Noviembre es para ponerte a prueba. Para que no creas que el año se acabó. Noviembre es para saber qué tanto conseguiste en el año. Noviembre, es noviembre. Eso que yo espero secretamente cada día.
Solía amar diciembre. Por la Navidad, por el descanso, porque es fin de año, porque puedes sentirte un poco orgulloso de ti mismo. Pero a veces diciembre es lo contrario, y la Navidad ya no es tan bonita ni especial, y a veces no puedes sentirte orgulloso, a veces te decepcionas. Porque eres tan distinto, lograste tanto, pero no fue suficiente. Y es como si las cosas, la vida, no hubieran valido la pena. Como si no valieras la pena. Y en diciembre uno espera cosas, y de repente las personas de todos los días están un poquito más lejos, porque ya no están todos los días. Y de repente, todo está un poquito más lejos.
Pero si es así, al menos tienes el consuelo de enero. De volver a empezar, de que al final... sí eres un poco mejor que antes, de que tal vez solo tienes que ser un poco más fuerte. Y tal vez eso sea alcanzable. Y tú vuelves a creer. Como cada día, como en cada comienzo. Porque eso es lo que hacemos, eso es lo que nos mantiene vivos. Y está bien, tenemos que creer. Creer nos hace seguir, nos hace lograr cosas.
La mayoría de las veces ni nosotros mismos sabemos lo que hemos logrado, pero algo en nuestro interior... ha crecido un poco. Y puede que seas más brillante, más grande, que seas un poco más parecido a ti mismo. Porque es nuestra capacidad de creer la que hace los milagros. Somos nosotros los que hacemos los milagros. Entonces, todo es posible, siempre, siempre, no importa qué tantas circunstancias estén en tu contra. No importa que te estés haciendo pedazos, no impota el dolor, no importa que tus pulmones colapsen, que a veces solo necesites una resurrección. Podemos con la vida, lo creamos o no, lo sepamos o no. Podemos con la vida, aunque no sea de la manera esperada. Porque a la vida no le importan nuestros planes, ella ya hizo los suyos. A veces, podemos con la vida, pero de una manera inesperada. Y a veces, la manera inesperada es mucho mejor.

viernes, 5 de junio de 2009

No te salves...
Lo mejor de la ciudad, es que uno puede perderse en ella...

So pathetic

Decían que se comportaba como si fuera la única persona en el mundo. Pero tal vez simplemente se trataba de que la mayoría de las veces se sentía como la única persona en el mundo. ¿Cómo no sentirlo, si las otras existencias parecían meros accidentes en su vida? Porque todo era eso, los segundos, los colores inalcanzables, un mensaje de texto, y ella en su habitación, sola. Ah, claro, y la ventana.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Hoy, mientras dejaba pasar los minutos, leí algo. Y supe que era la razón de todo. Decía que todo, todo el problema está en la necesidad. Que sin ella, estaríamos completos y felices. Pero uno [yo] necesita tanto, tanto siempre.
Y entonces pensé que seguramente mi problema es que siempre necesito algo del mundo, de la vida, siempre hay algo [un pedazo?] que falta... Y entonces empezó Wonderwall, y sentí que debía salir y caminar, caminar, caminar... respirar el aire fresco, mirar las caras, buscar la luz que dejé de ver.
Y noté que yo solía ver lo bueno de todo y todos, que sabía ver bajo las sombras... Noté que he dejado de hacerlo, que empecé a acostumbrarme a la imagen, que empecé a hacer lo que no hago, empecé a juzgar. Y no me gusta.
También me di cuenta de que había dejado de sentir lo buena que es la vida. Noté que había dejado de soñar, noté que mi pedazo favorito se está perdiendo. No, eso tampoco me gusta.
Y también me di cuenta de que esta vez no hay nadie a quien salvar... porque tal vez, esta vez me toque mejorarme a mí misma, por mí misma. Tal vez esta vez deba solucionarme a mí misma, superarme a mí misma. Y... recuperarme a mí misma.

Hay un capítulo en Grey's Anatomy que se trata sobre una mujer que es la amante del esposo de su mejor amiga. Y cuando Meredith le pregunta por qué, la mujer le dice que en el matrimonio uno va perdiendo pedazos y pedazos de sí misma... y que en algún momento, casi no queda nada, y hay que buscar alguna manera de recuperar eso. O de sentir que lo recuperas.
Y yo, por mejorar, he perdido pedazos de mí misma. Fue bueno perder orgullo, salvo por el pequeño detalle de que siempre seguí adelante por orgullo. Creí en mí por orgullo.
Supongo que ya no soy intocable. Y creo seriamente que ahora soy mucho menos especial que hace un año. [ Sí, lo sé, necesito ver Antes del Atardecer. ] Y ahora soy adicta al sol, lo que significa que tengo un miedo nuevo. Porque obviamente, nunca dejé de ser miedosa.
Y para peor, ya no tengo a mi mejor amiga cerca. Supongo que ella nunca se dio cuenta de que yo era un poco mejor porque ella estaba ahí, en el puesto de atrás o el de al lado, para hablarme cada día, para contagiarme ese algo especial.
Extraño terriblemente la EdeV, aunque cuando estaba en ella solía gustarme menos. Extraño mi complejo de existencialista, extraño a Nietzsche, a Anne Rice, a Sartre. Extraño a las personas de todos los días, extraño los colores crema, extraño el cielo despejado, extraño la lluvia desde la ventana grande, extraño gustarme, extraño hablar, los extraño a ustedes, mucho. Extraño caminar por ahí. Y por sobre todo, te extraño a ti. Y extraño que lo notes.

Dos meses. Alrededor de 60 días. Yo puedo con eso, cierto?
You just must pretend that you belong there... [Porque no lo haces, verdad? Porque no estás escapando... verdad?]

... Debería ser Noviembre.
Porque al final, siempre se trata de lo mismo...-se dijo ella con desgana. Porque en el fondo, siempre era lo mismo, la tonta esperanza de ser obvia, la tonta esperanza de la lluvia le ayudara. Es que había tenido razón la noche anterior, cuando caminaba pensando en la luz... Más bien, en la falta de luz. Al menos, estaba el árbol. Ese árbol que le hacía sentir esperanza cada día.
Se quedó varios minutos mirando por el ventanal de la habitación. Adoraba las ventanas, o eso creía. Últimamente, ya no podía estar segura de qué tenía que ver con ella y qué no, porque se sentía... tan atrapada. Se sentía tan atada a todo eso, a lo de siempre, a sus malditas elecciones. Y los círculos. Es que tal vez ella no servía para todo aquello, para eso de empezar algo y terminarlo bien. Porque ella siempre se cansaba demasiado, siempre necesitaba demasiado, siempre se moría demasiado.
Se podría decir que vivia. Pero a veces, a ella le hubiera gustado poder morirse completamente unos segundos. Solo eso, unos segundos. Sentía la necesidad de zambullirse, de moverse, de cambiar... otra vez.
-
Estúpidas limitaciones -murmuró, apartando la vista del ventanal. Porque en el fondo, aunque quisiera, nunca podría hacerlo. Ni siquiera tenía sentido desearlo. Pero ella era experta en eso de querer lo que no tenía.
Tomó sus cosas con decisión y salió a la calle.
Es que necesitaba moverse... y lo haría.

martes, 12 de mayo de 2009

Hoy...

Hoy, en la carta de todos los días, le hubiera gustado escribir tantas cosas... Le hubiera gustado escribir sobre la lluvia. O sobre el agua, sobre su esperanza de que el agua limpiara todo lo que ella necesitaba limpiar...
O tal vez sobre esa pareja que vio en el metro. Sobre un amor como ese. Sobre un dolor como ese. Sobre la consternación. Sobre cómo a veces sentía que algo se había perdido en ella...
Sobre las luces que ya no eran, sobre cómo el mundo brilla a veces, sobre lo opaco que parece todo otros días.
Le hubiera gustado escribir líneas y líneas dedicadas a esa madita y tonta sensación que había tenido. Le hubiera gustado escribir sobre hoy. Le hubiera gustado contarle tanto sobre su día...
Y se preguntó si las lágrimas serían como la lluvia. Si después de las lágrimas, todo brillaría otra vez.
Pero no escribió nada de eso...
Contempló la hoja en blanco, dibujando con su mente cada trazo, cada palabra. Y al final, sólo escribió: "Hoy, un árbol me salvó".


[Por qué a veces la magia y la luz se quedan atrapadas entre las hojas de un árbol?]