Una vez, en otro tiempo, dijiste que me ibas a querer siempre. Los siempre son una cosa rara, empiezan a existir o dejan de hacerlo sin que nadie tenga mucha culpa en ello. Quizás lo importante -y es algo que tardé en aprender-, es que suelen ser dichos con bastante verdad, y en ese sentido son quizás una de las palabras más reales entre las que decimos insensiblemente cada día.
No sé si me quieres aún, la verdad. No es tiempo todavía de descubrirlo.
Lo que yo quería decir, es que después de re-leer ciertas cosas, y pensar en otras tantas, concluí que yo también podría decir que te voy a querer siempre. Este querer, eso sí, no habla de amor, ni siquiera de amistad. Viene desde algún lugar más neutro, tal vez, viene de la certeza de que tu nombre para mí es y será un buen recuerdo, algo que se conforma de tus abrazos largos, cariño en el pelo, parques, tu mano algunas veces, conversaciones muy largas hasta que no veías la pantalla, risas, y la sensación de que eras lo mejor de este mundo. Cierto es que también hubo daño, micro-heridas que se perpetuaron por tantos días que al final había como una úlcera imposible de ocultar, que hubo llantos, incomprensión, silencios. Pero a fin de cuentas, creo que en mi vida fuiste sobre todo algo muy bueno, como una forma distinta de amor y felicidad que yo aún no conocía.
Por eso pienso que este cariño puede permanecer, incluso si la amistad nunca regresa y el amor que hubo queda convertido en una mancha de la que nadie tiene ganas de hablar. Y además, admitámoslo, eres una de esas personas que no se pillan dos veces en la vida, y en ese sentido no habrá mucho reemplazo posible para ti (aunque los clones).
He estado preguntándome si debería volver a hablarte o no.
En mi re-lectura, descubrí bastante incompresión mutua, y quizás habría cosas que aclarar. Pero, al mismo tiempo, siento que el momento para eso ya quedo atrás. ¿Qué sentido tendría, a estas alturas, volver a hablar de una cosa que pasó y no puede repararse?
Al final, lo verdaderamente importante tiene ver con las ganas que tenga(mos) de amistad. O con la desgana.
Yo sé que a mí me gustaría mucho que fuéramos amigas. Pero también me sucede que esto de la distancia me ha dado la tranquilidad que me hacía falta, y ya no me siento tan loca. Ahora es casi siempre fácil vivir en esta línea que discurre entre las cosas que anoto en mi calendario, es fácil ir a los turnos y disfrutarlos con la sonrisa entera, es fácil ir a clases y ser feliz en base a abrazos de determinadas personas, encuentros fugaces, conversaciones sobre la vida a la hora en la que uno debería estar en clases. Es fácil decir sí a almuerzos improvisadísimos, tomarse una michelada, resistir las ganas de fumar. Ahora solo tengo que lidiar con cosas tal vez menos graves como el frío, no saber nada en los controles, los espacios vacíos en mi cama, el pelo que se pone raro con la humedad, o las cosas que se caen de mis paredes. Son cosas controlables, y mi único temor es que traerte de vuelta a mi vida (bajo el supuesto de que tengas alguna gana de participar en ella) signifique tirar a la basura mi pedacito temporal de oasis. Que seas el desbalance o el caos, en resumen.
Por eso... la conclusión es que me parece mejor dejar pasar más tiempo. Sé que eventualmente habrá un punto en el que no haya nada a lo que volver, pero parece que ya no quiero más catástrofes. En especial, no quiero ser más una catástrofe.
Ahora, en lo que respecta a ti:
Te quiero, y es una cosa confusa. Sé que es la forma en que me sonríes aunque estemos a metros y metros de distancia, y esa cosa como de búsqueda mutua y mucha reciprocidad. Me he preguntado si no será mi mente jugando a los clavos y el reemplazo, pero no, parece que es algo bastante auténtico.
Como sea, no tengo ganas de perder a más amigos, ni de confundir más cosas de las necesarias, así que me era necesario decir que no importa no entender nada, las cosas se quedarán tan cual y tal vez hasta retroceda un poco si la situación me asusta lo suficiente.
También quería decir que has sido lo mejor de este pedacito de año tan triste.