Ya no fui artista nomás. Antes pensaba en poemas, en dibujos, en historias.
Ahora no hay nada.
Ahora hay vivir en Ñuñoa y burguesía.
Hay verdulería de la esquina y convencerse de hacer clases de yoga.
Hay tratar de dejar de engordar.
Hay vivir tranquila, vivir cómoda, estar una hora sentada en el auto y tener dolor de espalda siempre al bajarme.
Hay no saber pa dónde voy aunque siempre haga planes por puro gusto.
Hay saber que voy a dejar de querer lo que quiero ahora.
Hay saber que no voy a querer nada para siempre, nunca.
Hay saber que siempre voy a querer irme de todos lados, y que me voy a aburrir en todos lados y de todas las personas.
Y hay esperar que el mundo no sea tan chico.
Que el mundo no sea tan fome, inflexible, tan escrito en piedra.
Va quedando la certeza lenta y segura de que las cosas no van a cambiar en mi tiempo.
Hay la certeza lenta pero segura de que vamos a hacer cambios chicos, imperceptibles pal mundo en el que yo vivo.
Hay la esperanza de que las señoras y las niñas de allá afuera vivan una vida un poquito mejor ojalá.
Y el deseo de que los niños de ahora no se conviertan en los hombres de ahora.
Y que el mundo ya no esté tan tan podrido mañana.
(pero es pura esperanza y buenas intenciones.
y eso no sirve.
no basta).