Porque al final, siempre se trata de lo mismo...-se dijo ella con desgana. Porque en el fondo, siempre era lo mismo, la tonta esperanza de ser obvia, la tonta esperanza de la lluvia le ayudara. Es que había tenido razón la noche anterior, cuando caminaba pensando en la luz... Más bien, en la falta de luz. Al menos, estaba el árbol. Ese árbol que le hacía sentir esperanza cada día.
Se quedó varios minutos mirando por el ventanal de la habitación. Adoraba las ventanas, o eso creía. Últimamente, ya no podía estar segura de qué tenía que ver con ella y qué no, porque se sentía... tan atrapada. Se sentía tan atada a todo eso, a lo de siempre, a sus malditas elecciones. Y los círculos. Es que tal vez ella no servía para todo aquello, para eso de empezar algo y terminarlo bien. Porque ella siempre se cansaba demasiado, siempre necesitaba demasiado, siempre se moría demasiado.
Se podría decir que vivia. Pero a veces, a ella le hubiera gustado poder morirse completamente unos segundos. Solo eso, unos segundos. Sentía la necesidad de zambullirse, de moverse, de cambiar... otra vez.
-Estúpidas limitaciones -murmuró, apartando la vista del ventanal. Porque en el fondo, aunque quisiera, nunca podría hacerlo. Ni siquiera tenía sentido desearlo. Pero ella era experta en eso de querer lo que no tenía.
Tomó sus cosas con decisión y salió a la calle.
Es que necesitaba moverse... y lo haría.
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