Todo en nuestra cabeza es moldeable. Si percibimos constantemente ciertos estímulos, la corteza aumentará su superficie de representación, gracias a la plasticidad. Además, hay mecanismos de adaptación, y eso en suma, permite el aprendizaje. El cambio. Es que, si existe algo cierto, es que cambiamos.
Todos los días nuestras células mueren y son renovadas sin que lo veamos; los niveles hormonales cambian según la luz y nuestras necesidades. Estamos cambiando, y a veces, al replicar una célula, su maquinaria deja pasar errores y se acumulan mutaciones invisibles.
Nunca somos los mismos. No podemos volver atrás.
Pero siempre nos sentimos nosotros, y seguimos haciendo promesas eternas, seguimos viviendo como si existiera alguna remota posibilidad de que seamos constantes.
Todos los días nuestras células mueren y son renovadas sin que lo veamos; los niveles hormonales cambian según la luz y nuestras necesidades. Estamos cambiando, y a veces, al replicar una célula, su maquinaria deja pasar errores y se acumulan mutaciones invisibles.
Nunca somos los mismos. No podemos volver atrás.
Pero siempre nos sentimos nosotros, y seguimos haciendo promesas eternas, seguimos viviendo como si existiera alguna remota posibilidad de que seamos constantes.