Uno se mete a esta mierda que se llama medicina y te llena la vida de palabras que nadie más entiende, relaciones difíciles e historias tristes, y a veces todo parece podrido de olor a hospital, de olor a humanos atrapados entre sábanas blancas, de los que no se van a salvar porque no hay más que hacer contra la vida (el fin de la vida). Y deja de tener sentido, porque por qué uno se expondría voluntariamente a enfermeras agresivas, señorxs demandantes, familias llenas de preguntas, el cansancio de lo que no se sabe y quizás nunca se aprenda, las posibles humillaciones, y la derrota eterna?
Pero hoy siento que todo importa mucho, que está bien salir tarde y quedarse hasta el fin si los pacientes necesitan que uno se quede hasta el fin, porque está bien hacer lo que sabemos que puede ayudarlos, está bien aunque sea para que se mueran mejor, para que se vayan un poco mejor parados después de las múltiples vejaciones de vías, mascarillas y punciones arteriales. Está bien quererlos (o detestarlos). Está bien llorar si se mueren en condiciones injustas. Está bien ser compasivo. Y está bien rendirse, a ratos.
Hoy estoy contenta con esta basura de vida que se llama medicina. Y se me va a pasar, está muy claro.
Pero al menos, hoy estoy contenta.