Estamos súper en lo último, pero con toda conciencia de que a fin de cuentas se trata de un paréntesis transitorio, que los ramos y la vida y las cosas nuevas se vienen a toda velocidad, y que cada día con una diagonal encima es estar un poco más cerca de las responsabilidades, de esa adultez terrible.
Y la cosa es que con eso, o pese a eso (no está muy claro), estoy contenta, y desfallezco de forma muy parcial, solo cuando hay que levantarse temprano y no logro atinar más que a ponerme encima múltiples capas de ropa y disimular que otra vez no me peiné.
Es cierto que ha pasado poquísimo más de un mes, pero también hay que admitir que eras parte de mi felicidad desde hace mucho antes, que tu sonrisa brillante era un bonito puente a creer que las cosas podían salir bien en los días malos.
No intento decir nada, excepto que es bonito esto de quererte, que es igual de bonito esto de que me quieras, y saber que vamos ahí los dos, caminando.